Un "bulto" que aparece en el cuello, la axila o la ingle que
no causa dolor puede ser más que una simple infección o inflamación: podría
tratarse de una enfermedad conocida como "linfoma", un cáncer del sistema
linfático que generalmente se confunde por sus síntomas inespecíficos, por lo
que, en muchos casos, se diagnostica en estadios avanzados. Reconocerlo a
tiempo es importante para aumentar las posibilidades de control y recuperación.
El Dr. Mauricio León Rivera,
director de la Liga Contra el Cáncer, presidente de la Sociedad Peruana de
Oncología Quirúrgica y oncólogo de la Clínica Ricardo Palma, explica que el
linfoma se origina cuando se produce un error en la formación de los
"linfocitos", células encargadas de la defensa del cuerpo contra las
infecciones. Se distinguen dos tipos de linfoma: el de Hodgkin, identificado
por la presencia de células de "Reed-Sternberg", y el linfoma no
Hodgkin, que agrupa diversas variantes con un comportamiento de crecimiento más
acelerado.
Entre las señales de alarma
destacan la fiebre sin razón conocida, sudoración nocturna, pérdida de peso
involuntaria, cansancio excesivo (que impide realizar actividades cotidianas) o
picazón de la piel. “El pronóstico depende directamente de la detección
temprana; no tratarse a tiempo podría generar consecuencias fatales”, advierte
el Dr. León.
La detección del linfoma se realiza mediante
una evaluación clínica detallada y exámenes especializados. El primer paso
suele ser la biopsia del ganglio afectado, que permite confirmar la presencia
de células malignas. A ello se suman estudios de sangre, pruebas de imagen como
tomografías o resonancia magnética, y en algunos casos la tomografía por
emisión de positrones (conocida como PET scan), herramientas que ayudan al
oncólogo clínico a determinar el tipo del linfoma y la extensión de la
enfermedad.
Respecto al tratamiento, el
especialista señala que actualmente se aplican esquemas de quimioterapia y
radioterapia, además de inmunoterapia con el uso de los "anticuerpos
monoclonales", un avance que ha permitido mejorar la supervivencia y
frenar la progresión de esta enfermedad.
El Día Mundial del Linfoma, que se
conmemora cada 15 de septiembre, busca sensibilizar a la población sobre esta
enfermedad. Identificar los síntomas y acudir oportunamente al médico puede
transformar el miedo en esperanza y abrir la puerta a un tratamiento efectivo y
muchas veces curativo.







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