Especialistas
destacan cómo la música puede ayudar a manejar el estrés, expresar emociones y
fortalecer los vínculos familiares y sociales.
La música no solo acompaña
nuestras celebraciones, también puede ayudarnos a expresar emociones, evocar
recuerdos y conectar con otras personas. En el marco del Día de la Canción
Criolla, que se celebra cada 31 de octubre, el Instituto Nacional de Salud
Mental "Honorio Delgado - Hideyo Noguchi" (INSM "HD-HN")
destaca que escuchar música, cantar y participar en actividades culturales
pueden favorecer el bienestar psicológico y ofrecer espacios saludables de
encuentro familiar y comunitario.
Desde la psicología, las experiencias musicales pueden influir en
el estado de ánimo, facilitar la expresión emocional y proporcionar momentos de
disfrute y relajación. Escuchar canciones significativas o participar en
actividades musicales
compartidas también puede despertar recuerdos positivos, reforzar
el sentido de pertenencia y contribuir a afrontar las tensiones de la vida cotidiana.
La música involucra distintos procesos cerebrales relacionados con
la emoción, la memoria y la recompensa. Algunas investigaciones han
identificado respuestas fisiológicas asociadas al placer musical y posibles
efectos sobre indicadores de estrés. Sin embargo, estos beneficios varían según
las preferencias, experiencias y circunstancias de cada persona, por lo que la
música debe entenderse como un recurso complementario de bienestar y no como un
sustituto de la atención profesional cuando esta es necesaria.
Más allá de sus posibles efectos individuales, la música también
cumple una función social. Reunirse para escuchar canciones tradicionales,
cantar en familia o compartir recuerdos asociados a determinadas melodías puede
fortalecer los vínculos afectivos y favorecer la comunicación entre generaciones.
En el caso de la música criolla, estas experiencias permiten, además, mantener
vivas expresiones culturales vinculadas con la memoria y la identidad peruana.
No obstante, los especialistas recuerdan que las celebraciones no
producen las mismas emociones en todas las personas. Mientras algunas disfrutan
de reuniones y actividades festivas, otras pueden experimentar cansancio,
tristeza, soledad o incomodidad frente a las expectativas sociales de
diversión. La presión por participar, gastar dinero o mostrar una imagen de
felicidad puede generar malestar, especialmente cuando existen dificultades
personales o familiares.
Por ello, el INSM "HD-HN" recomienda celebrar de acuerdo
con las posibilidades y preferencias personales, sin convertir la diversión en
una obligación.
Asimismo, se aconseja prestar atención a manifestaciones de
malestar emocional persistente, como tristeza intensa, aislamiento, alteraciones
del sueño o aumento del consumo de alcohol y otras sustancias. Cuando estas
dificultades afectan la vida cotidiana, buscar orientación profesional puede
ayudar a identificar necesidades y desarrollar estrategias de afrontamiento.






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