Muchas mujeres en el Perú conviven durante meses con molestias que
parecen inofensivas, como la hinchazón abdominal después de comer, el
cansancio constante sin razón aparente o un dolor abdominal inespecífico. Lo
que pocas saben es que esos síntomas, tan comunes y fáciles de ignorar, pueden
ser la primera señal de un cáncer de ovario que se disemina en silencio.
Cada año, más de 1,100 mujeres son
diagnosticadas con esta enfermedad en nuestro país y casi 800 fallecen. La
mayoría de los casos se detecta en etapas avanzadas, cuando las opciones de
tratamiento son limitadas, lo que evidencia un problema persistente de
diagnóstico tardío en el sistema de salud peruano.
Parte del problema radica en que muchas
mujeres no asocian estas molestias con una enfermedad grave, ya que, al tratarse
de síntomas difusos y frecuentes en la vida diaria, suelen ser minimizados o
atribuidos a estrés, alimentación o problemas digestivos. A esto se suman
barreras como la dificultad para acceder a una consulta especializada, la
postergación de controles y la falta de información clara sobre cuándo acudir
al médico.
A diferencia de otros tipos de cáncer,
como el cáncer gástrico, de cuello uterino o de mama, el cáncer de ovario no
cuenta con un método de tamizaje poblacional eficaz, por lo que su detección
depende en gran medida de la sospecha clínica y de una evaluación oportuna.
Este escenario se vuelve más crítico en el Perú, donde persisten demoras en la
atención y desigualdades en el acceso a los servicios de salud.
“El cáncer de ovario es uno de los más
difíciles de detectar porque sus síntomas son inespecíficos. Muchas pacientes
llegan en etapas avanzadas, no porque no haya señales, sino porque no se
reconocen a tiempo”, advierte el Dr. Mauricio León Rivera, director de la Liga
Contra el Cáncer y cirujano oncólogo de la Clínica Ricardo Palma.
En ese contexto, aunque representa una
menor proporción de casos frente a otros cánceres, su impacto en mortalidad es
significativamente alto, lo que refleja su agresividad y la necesidad urgente
de mejorar la detección temprana.
Entre los principales factores de riesgo
destacan la edad, los antecedentes familiares y mutaciones genéticas como BRCA1
y BRCA2. Si bien no siempre se puede prevenir, sí existen acciones que pueden
marcar una diferencia, como realizar controles ginecológicos periódicos,
prestar atención a síntomas persistentes y acudir oportunamente al médico.
“Si una molestia persiste por más de dos
semanas o se vuelve recurrente, es importante acudir al especialista. En
cáncer, el tiempo no se recupera y detectar a tiempo cambia completamente el
desenlace de esta enfermedad”, enfatiza el especialista.
Cada 8 de mayo se conmemora el Día
Mundial del Cáncer de Ovario, una fecha que busca reforzar la importancia de su
detección temprana y el acceso oportuno a una atención especializada. Contar
con información clara y orientación médica adecuada permite tomar decisiones
informadas y enfrentar de manera oportuna una enfermedad que suele detectarse
en etapas avanzadas.







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